05-Junio-2001
HERMANO: ESCOLASTICISMO POLÍTICO?
POLEMICA CON FILOSOFO EDUARDO HERNANDO.
Manuel Morales Paliza.
Después de leer el artículo Las raíces de la política moderna (Expreso, 27.05.01) me pregunto si realmente se ha agotado el modelo de política que separa los asuntos del hombre de lo divino desde Maquiavelo, como sugiere el autor, el filósofo político Eduardo Hernando. Ciertamente, de entre las dominantes posturas políticas- económicas con visión antropocéntrica – y por ello alejada de lo divino – del modelo occidental, parece quedar sólo el liberalismo como la “ideología triunfante”, en contraste con los totalitarios comunitarios o cooperativos, enterrados por su ineficiencia para satisfacer las necesidades más básicas. El vació que, sin embargo, genera esta ideología por falta de trascendencia, en términos más prácticos, aquella incómoda sensación que proporciona la fría dictadura de la economía para encaminar el asunto social, nos puede llevar a pensar que es necesario reconciliarnos con lo divino en política y aceptar un conjunto de reglas suprahumanas. Hasta aquí, Hernando.
Empero, ¿no significaría esto un regreso al dogma, aquel que constriñe la libertad más importante, a saber, la del pensamiento? ¿No representaría, en añadidura, un atraso después de la costosa conquista cartesiana que independizó nuestras mentes de los rígidos actos de fe para entender la naturaleza y mejorar la comprensión de la circunstancia humana? ¿No es acaso, la ciencia, el paradigma más importante del que se ha nutrido dicha revolución del pensamiento? ¿Existe algún intento humano más importante que la ciencia por trascender su condición de ignorancia sin la ayuda divina?
Personalmente no creo que sea menester retroceder e incorporar enfoques escolásticos en política para trascender la crisis presente debida a la falta de principios. Sin esforzarse más en pensar – en grande – por alternativas intelectuales al liberalismo o a la dictaduras de la presente economía como conductores sociales. Propongo aquí una vía de inicio: Encontrar la manera de vincular el método de las ciencias naturales con la política no sólo con el de adecentarla sino también - y con mayor importancia – dotarla de los elementos que contribuyen a generar en el ser humano – como animal político – el placer de trascender su circunstancia materialista e individualista, y así abrazar su capacidad inherente de sentirse parte necesaria de la sociedad, no sólo para servirse de ella sino para servirla, porque ello en suma conduce a la preservación de la especie. Quizás, así también, éste se sentiría liberado de la prisión de sus sentidos más primarios, prisión en la que a caído peligrosamente en su afán por satisfacer con demasiado énfasis sus necesidades más básicas, al verse sólo como un agente que debe servirse de la sociedad para saciar apetitos individuales. Y esto conlleva al aspecto ético.
Se debe reconocer que la economía de mercado es la responsable de este extremo individualismo posmodernista, en tanto se alimenta sólo del desbocado afán individualista por producir a toda costa, usando a la libertad y a la competencia como medios para alcanzar el bienestar social. Ya Amartya Sen, premio Nóbel de Economía 1998, advierte en su libro Development as freedom que la libertad no sólo un medio sino además una condición necesaria y el parámetro por excelencia para medir el desarrollo. Y ésta es una indicación de la necesidad de incorporar en la economía la dimensión ética.
En suma, se hace necesario replantear los aspectos ideológicos de la política y la economía alrededor de paradigmas que contrarresten o poseen los excesos individualistas presentes. La naturaleza y el poderoso método científico pueden proveernos de ejemplos al respecto. Después de todo, no se pueden comparar la experiencia de 14 mil millones de años de existencia del universo con los escasos 10,000 años de civilización.
LAS RAÍCES DE LA POLITICA MODERNA.
AUTOR: Eduardo Hernando Nieto.
Si nos encontramos inquietos por el desarrollo de la vida política contingente llegando inclusive a dudar de las posibilidades de cambio, puede ser un buen ejercicio intelectual el hurgar alrededor de las causas que generaron este estado. Así pues, identificando las razones que lo precipitaron e identificaron también su verdadera identidad estaremos quizá en condiciones de neutralizar sus efectos.
A pesar de nuestras simpatías hacia Maquiavelo, el florentino es ciertamente es el fundador de la política moderna desde el momento en que establece una separación rotunda entre el cielo y la tierra, vale decir, que el hombre moderno, en un intento por ser más poderoso que Dios y sabiendo que en su territorio (el plano espiritual) Dios es invencible, decide entonces enfrentar a Dios en su propio territorio (el plano terrestre) donde aparentemente podría tener mejores posibilidades de derrotarlo. Es así que desde este momento la política se desarrollará excesivamente en el espacio físico y no más en el espiritual (en realidad en el mundo antiguo no existe una separación entre lo divino y lo humano y ambos convergen en armonía).
El arma que empleará el hombre es su batalla terrestre no será otra que la técnica moderna, que ya no buscará revelar o descubrir la naturaleza, sino que intentará encontrar y dominar a la naturaleza, es decir, someterla a la voluntad del hombre. En este sentido, Maquiavelo podría decir que el fue uno de los primeros en reivindicar el poder dentro del plano político, pues al ser la política ahora una técnica es al mismo tiempo un poder que cambia, modifica o manipula.
La técnica es entonces la lámpara de Aladino – como diría Junger – que convierte en realidad todos nuestros deseos y el hombre que la posee es el hombre fáustico como señalaba Spengler, - aquel que buscaba sacarle la vuelta a las leyes de la naturaleza – aunque sabemos perfectamente que este hombre envanecido por los prodigios de la técnica no será conciente de su estado real, y por ende no percibirá su identidad real que es la de ser un mero aprendiz de brujo que se vera completamente superado por las fuerzas que supuestamente debía de domeñar.
Separar el cielo de la tierra significa así establecer el poder como la base de la política y también significa dejar al hombre en la imposibilidad de trascender y de elevarse más allá de su condición humana. No más hombre virtuoso, pues la virtud está más cerca del cielo que de la tierra, a lo más la persecución de la gloria sería el logro máximo del hombre moderno y que respondería también a una dinámica básicamente individualista que calzará adecuadamente con la naturaleza de la vida moderna.
No debe entonces extrañarnos los hechos políticos contemporáneos que responden a esta lógica de enajenación o separación del hombre de fines y propósitos trascendentales y que lo coloca en una posición en la que la voluntad decide sin siquiera saber porque y para que. De aquí el siguiente paso no podrá ser otro que el de reivindicar un mundo donde todo esta perdido y que más adelante se convertirá en la anarquía del nihilismo. A estas alturas no quedará otra que esperar calmados el retorno de los dioses.
Wednesday, November 14, 2007
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