Wednesday, November 14, 2007

Jugando a ser Dioses

01-Julio-2000

JUGANDO A SER DIOSES

Varios países comprometidos con la ciencia ( EEUU, Inglaterra, Francia, Alemania, Japón y China), a través de sus más altas investiduras ( Clinton, Brair, etc) además de una empresa privada estadounidense (Cefera), anunciaron a principios de esta semana la culminación de primer borrador del genoma humano: la identificación de los más de tres mil millones de pares nucleótidos de la molécula “de la doble hélice” ADN (ácido desoxirribonucleico) que conforma el mapa de la vida de nuestra especie, el libro de instrucciones de “como fabricar a un ser humano”. Si bien queda para las próximas décadas el inmenso trabajo de descubrir las funciones e interrelaciones de las secuencias encontradas, este anuncio se constituye – qué duda cabe – en un hito histórico sin precedentes, otro magnifico triunfo del racionalismo científico.
Ahora que se conoce el alfabeto y el orden de los caracteres del libro de la vida, lo que falta descifrar es el lenguaje con el que este libro está escrito, el mismo al que el presidente Clinton – con notable espíritu conciliador – se refirió como “el lenguaje con el que Dios creó la vida”.

Como lo fueron a inicios del siglo XX las revoluciones científicas de la física – la cuantica y la relatividad – abriendo un abanico de aplicaciones tecnológicas (algunas impensables, como la electrónica y las computadoras), el conocimiento del genoma humano promete un no menos caleidoscópio y novedoso escenario tecnológico, amen del social y ético para el siglo XXI. En el mediano plazo los beneficios más saltantes aparecerán el la medicina. ¡Se habla de tratamientos y eventuales curas de enfermedades como el Parkinson, cáncer y diabetes! Y en la biotecnología el uso controlado de poderosas bacterias y microorgamisnos en nuestro provecho. Amás largo plazo, se especula con la posibilidad de comprender en su estructura más profunda ciertas funciones cerebrales relacionadas a la inteligencia y a las emociones, con la consiguiente factibilidad de manipularlas. Semejantes prospectos ponen nervioso, con razón, a más de uno.

Se aduce la cuestión ética que sin duda exigirá un nuevo consenso mundial y quizás alguna adición especifica en la carta declaratoria de los derechos humanos, y se teme la posible utilización de ese conocimiento con fines discriminatorios, uno que in extremis, a través de la manipulación genética, podrá dirigirnos a una sociedad sin un tipo de libertad que hoy damos por sentada, aquella en la que nadie elige antes, como vamos a ser después de nacer, al estilo de la sociedad huxleyana de Un mundo feliz.

Sobre estas implicancias, el presidente de Celera, Craig Venter, expresó que la mejor prueba fáctica de la Declaración de los Derechos Humanos es la corroboración de las casi inexistentes diferencias entre genomas de cinco personas de distintas etnias (99.8% de similitud en sus cadenas de 3.120 millones de pares nucleótidos) que se darán a conocer al mundo en unas semanas más. Por lo tanto, no hay bases científicas que sustenten los distingos étnicos a nivel genético. Sin duda esta corroboración científica debería coadyuvar a internalizar mejor una cultura de tolerancia y respeto por lo llamados diversidad (que termina siendo un constructo meramente cultural sin basamentos biológicos), ya no solo sustentada – con toda la importancia que tiene – en la necesidades económicas y políticas que exige el desarrollo y la libertad, sino también más fenomenologicamente fundamentalmente en la ciencia de la vida.

La infatigable curiosidad nos invita a esperar que los afortunados científicos orfebres que emprendan la fascinante tarea de identificar las funciones de las piezas de este preciso “reloj” y, más difícil aún, sus intricados mecanismos, tengan éxito en armar este complicadísimo rompecabezas – uno que la naturaleza tardó más de tres mil millones de años en generar – y cuya consecución, desafiando un teorema godeliano (aquel que postula conocerse completamente a sí mismo), quizás nos provea de los míticos poderes que sólo dioses y demonios ostentaron hasta hoy en nuestra imaginación

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