Wednesday, November 14, 2007

La Ciencia y Tecnologia: Una Necesidad

12-Setiembre-1999

LA CIENCIA Y TECNOLOGÍA: UNA NECESIDAD (Y NO UN MERO ADORNO)

Manuel Morales Paliza.

Con relación al artículo de opinión El patito feo de nuestra modernidad de Luis J. Destéfano Beltrán (expreso 12.9.99), me permito hacer algunas reflexiones. Si existe una diferencia enorme en los indicadores de desarrollo económico (como los define digamos el Banco Mundial) entre los países industrializados y los que se encuentran “en vías de desarrollo” – como el nuestro -, la diferencia en la inversión en Ciencia y Tecnología (C y T) es todavía pavorosamente abismal. ¿Cómo se explica que el presupuesto anual para investigación de un solo departamento académico dedicado a la C y T ( ni siquiera de la universidad completa) de una universidad promedio de las cerca de 5,000 existentes de los Estados Unidos sea mayor que todo el dinero estatal invertido a nivel país en C y T en el Perú?

¿Es que acaso a los gringos les gusta despilfarrar sus recursos? Por supuesto que no. Lo que están haciendo es lo que hacen ahora todos los países que se preocupan inteligentemente de su futuro, y en cierto modo, lo que el sentido común dicta: están entrenando y aprovechando a los recursos humanos más talentosos dedicados a; descubrimiento de nuevas fronteras del conocimiento y su aprovechamiento práctico mediato e inmediato. Estas ya no son más fronteras para el exclusivo solaz intelectual, sino que son la más poderosa ventaja comparativa que las potencias tienen para competir y seguir creciendo sostenidamente y por tanto generar a la larga mayor bienestar en sus ciudadanos.

El extraordinario crecimiento de los Estados Unidos en la era Clinton se debe en gran parte a esta inversión al servicio de la aparición de nuevas actividades económicas derivadas fundamentalmente de la revolución informática de esta década. Asimismo, cada vez más aceleradamente se aprecia que las actividades financieras con valor de C y T agregado son las que generan mayores réditos. Esta es una tendencia irreversible y en un mundo como el actual – globalizado e interconectado – mucho más temprano que tarde será uno de los factores – sino acaso el más importante – que decida en futuro económico de una nación. En nuestro país, ya no se puede aceptar más como argumento válido aquel que vocifera que existen problemas más urgentes por resolver. Visto en la perspectiva futura, éste es uno de esos problemas urgentes por resolver. La sociedad que descuida sus recursos humanos más talentosos se termina por marchitar.

Otro exceso del discurso teórico que se escucha a menudo en cierto sector de nuestra clase política es que el mercado lo resuelve todo. Esa es una utopía tan inválida como aquella que los medios de producción debía estar en las manos de todos por igual. El Estado es un ente promotor y garante del mercado, pero debe dedicarse con todo rigor a las tareas finas del desarrollo sostenido. La formación de recursos humanos de la más alta calidad mundial en C y T es una de esas tareas finas.

El encomiable esfuerzo por incorporar a la industria a la C y T nacional a través de la formación de empresas tecnológicas en algunas universidades es y será insuficiente. Lo que se necesita es una participación agresiva del Estado, como se hizo, se hace y se hará en todos los países que alcanzan el desarrollo sostenido. Nuestro sector privado – por sus características mercantilistas de corto plazo – no puede proveer los recursos necesarios que creen aquella “masa crítica” de científicos de la que habla el articulista. Sin embargo, creo que tenemos ahora la suficiente estabilidad económica y social – mínima si se quiere – para empezar a preocuparnos de las cuestiones más finas del desarrollo sostenido. La C y T es una de ellas, quizás la más importante. Brasil, Colombia, Chile, México y Argentina – por mencionar sólo países latinoamericanos – nos llevan ya una ventaja sideral en C y T.

Si aspiramos a ser un país líder en la región ya n podemos perder más tiempo. Por lo tanto, y a tono con la propuesta final del articulista, mi voto en las elecciones presidenciales venideras irá por el candidato que tenga una idea clara del desarrollo del Perú en este nuevo contexto mundial en el que la C y T se alza como una condición necesaria del bienestar de una nación.


EL PATITO FEO DE NUESTRA MODERNIDAD.


AUTOR: Luis J. Destéfano Beltrán.

En este ambiente electoral de fin de siglo valga la oportunidad para abrir el debate sobre el sector de la Ciencia y la Tecnología (T y C): nuestro patito feo a lo largo de toda nuestra historia.

Lamentablemente el origen del atraso en este sector es la consecuencia lógica de la falta de visión de nuestra clase política. Un país que no hace ciencia está condenado al fracaso y a la mediocridad. Así, nuestra industria nacional, hambrienta de tecnología, prefiere importarla en lugar de desarrollarla –“ los famosos paquetes tecnológicos”-, quedando atrapada en el circulo vicioso de la dependencia tecnológica: un camino seguro al subdesarrollo.

Los expertos nos dicen que en los países desarrollados hasta un tercio del PBI es consecuencia directa o indirecta de la inversión pública o privada en C y T. Nada mal para una inversión que en el mejor de los casos no pasa del 3% del PBI.

Si miramos más cerca, aquí en Latinoamérica, encontraremos que casi todos los países han realizado cambios radicales en lo que respecta al desarrollo de la C y T. Colombia merece una mención especial. A comienzo de la década se propuso desarrollar recursos humanos enviando al extranjero a lo mejor de sus profesionales. La meta era tener 2,000 Ph. D en casi todas las áreas del conocimiento, pero en especial en las ciencias básicas y en las ingenierías. Demás está decir que lo están por lograr y que a pesar de los numerosos problemas por los que pasa nuestro vecino país no dejan de invertir en ciencia.

El presupuesto de Conciencias para este año es casi de diez veces lo que el gobierno peruano destina al Concytec. Pero la inversión no es sólo pública, los cafeteros y los cañeros colombianos tienen desde hace muchos años en Cenicafe y en Cenicaña a los dos centros de investigación y asesoramiento técnico del primer nivel. Se calcula que solo las nuevas variables de café y de caña de azúcar desarrolladas en esos centros son responsables de un incremento anual en la productividad del 2% durante la última década. Sin embargo, el desarrollo científico colombiano no se concentra únicamente en la agricultura sino también en la investigación medica. El Instituto de Inmunología, bajo la dirección del Doctor Manuel Elkin Patarroyo, y con el aporte de más de 180 investigadores, todos ellos con doctorados y post doctorados en el extranjero, ha logrado avances significativos en el desarrollo de vacunas contra la malaria y muy pronto la tuberculosis, lepra y leishmaniasis.

En nuestro país, el gobierno actual, pecando de un exceso de ortodoxia, ha querido dejar de toda la inversión al sector privado. Se equivoca completamente. Lo primero en todo esquena de desarrollo en C y T es la obtención de una “masa crítica” de científicos en el país y eso toma tiempo y dinero. Formar un científico puede tomar, entre el doctorado y dos pasantías de post doctorado, hasta diez años con un costo que puede fácilmente pasar los 200,000 dólares. Lo urgente entonces es empezar una inversión agresiva en la formación de personal calificado, el establecimiento de centros de excelencia en las diferentes áreas que el Concytec ha declarado como estratégicas para el desarrollo del país, y un programa de reinserción de científicos peruanos que actualmente trabajan en el extranjero. En base a esta infraestructura el sector privado podrá invertir en proyectos puntuales de acuerdo a sus necesidades tecnológicas. Es el famoso “strategic partnership” que la administración Clinton ha postulado desde sus inicios y cuyos resultados se sumarizan en un libro publicado recientemente (Investing in Innovation: Creating a Research and Innovation Policy That Works, Agosto, 1999).
Para terminar, propongo que no se tome en serio a ningún candidato a la presencia que no tenga, entre sus diez primeras propuestas un plan de desarrollo – esta vez en serio – de una infraestructura nacional en C y T.

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