Wednesday, November 14, 2007

Robots made in EEUU

4-Noviembre-1999

Artículo de opinión publicado en EXPRESO (Lima-Perú) el Jueves 4 de Noviembre de 1999

Robots made in EEUU

Manuel A. Morales Paliza (*)

Resulta desalentador comprobar que la sociedad económicamente más poderosa del mundo, los Estados Unidos, genera en sus universidades –con muy pocas excepciones- una gran cantidad de profesionales (bachilleres, masters y doctores) aptos para resolver problemas sumamente especializados pero sin la noción suficiente –y en muchísimos casos sin la más mínima- de su contexto inmediato tal que le resulta imposible siquiera aproximarse a un problema cercano a su ámbito. Es el resultado del triunfo del modelo de productividad liberal aplicado a la educación; tan eficiente para generar riqueza en la economía pero tan inepto para inculcar una formación educativa íntegral.

El problema se inicia desde la educación primaria y se traslada a la secundaria cuando se establece que una prueba estandarizada nacional (el SAT: Scholar Aptitude Test) tomada al final de los estudios secundarios será la única referente de conocimiento académico que decidirá –además de otros criterios ajenos al conocimiento- si el graduado es o no aceptado en la universidad. Desde luego, el sistema educativo basado en las leyes del Mercado se acomoda de forma tal a este criterio, que reduce su oferta educativa a preparar al estudiante para obtener los más altos puntajes posibles en esta prueba. Esta falta de diversidad en la evaluación del conocimiento que pretende una uniformización estadística del criterio evaluativo ha engendrado –a la luz de los resultados- un conjunto de estudiantes que no han aprendido a pensar con juicio reflexivo sino sólo con uno aplicativo y memorístico. Incluso el hecho de tener altas calificaciones en el SAT no garantiza del todo que el juicio reflexivo se haya desarrollado lo suficiente para afrontar estudios superiores. Pareciera que una educación así estuviera destinada a formar ciudadanos que eviten cuestionarse sobre sí mismos o sobre su sistema, cuando son precisamente estos ejercicios de pensamiento los que se necesitan para despertar la creatividad y la reflexión profunda.

Ya en la universidad, los salones de clase están virtualmente plagados de “robots” que no ensayan preguntas que se inicien con un porqué sino sólo piden que le digan cómo. Así, el “aprendizaje” se reduce a un recetario largo de procedimientos y fórmulas. Y los “robots” trabajan mucho sin quejarse; hacen muchas tareas en las que aplican el conocimiento que “aprendieron”. El premio a su esfuerzo es una “A” (un veinte de nota). Si algún “robot descompuesto” intenta una argumentación general del problema propuesto o incluso pretende deducir cierto proceso o mecanismo, no es recompensado sino reprendido por no ser suscinto y directo. De este modo, por un proceso de selección artificial, los “mejores robots” terminan la carrera y están listos para introducirse a la jungla del mercado laboral o a continuar estudios de posgrado. Estos últimos quizás sean los “robots” rebeldes que sienten que no “aprendieron” lo suficiente o que algo anda mal. Ya en el posgrado se darán cuenta que no aprendieron a pensar reflexivamente y que el proceso de “desrobotización” costará mucho esfuerzo, uno que se traduce en muchos años de estudios más.

Es díficil saber hasta cuando le durará a los Estados Unidos la bonanza económica sin que este producto humano, paradójicamente sustentado en el modelo liberal, manifieste su ineptitud reflexiva y el sistema socio-económico estadounidense empiece a resquebrajarse. Quizás eso nunca ocurra ya sea porque se corrigió a tiempo o porque simplemente la reflexión intelectual de los ciudadanos agentes de la producción no tiene nada que ver con el éxito económico liberal de una sociedad. De una forma u otra, la intuición reclama cuidarse de adoptar esta experiencia educativa estadounidense, sobre todo en países como los nuestros, tan ingenuamente proclives a mirar al Tio Sam como el paradigma a seguir en todo ámbito de cosas.

(*) manuel.morales@vanberbilt.edu


Carta publicada en EXPRESO (Lima-Perú) el Lunes 8 de Noviembre de 1999:

"PRODUZCAMOS ROBOTS"

Señor Director:

En un reciente artículo de opinión titulado Robots made in USA se discutía de la formación profesional en los Estados Unidos, poniéndola como un mal ejemplo ya que produce robots superespecializados incapaces de atacar problemas que no sean de su estricto ámbito de conocimiento. En los Estados Unidos la educación en todos los niveles es motivo de constante crítica y análisis, y así debe ser en las sociedades democráticas, ya que el objetivo de la educación es responder a las necesidades y deseos de la población, incluyendo en estas los de los sectores productivos. Las duras críticas lanzadas contra la preparación en los Estados Unidos y la recomendación de que en el Perú no se caiga en el mismo error me parecen en general un disparate. Una sociedad que es capaz de producir un PBI per cápita de US$ 27,000 debe estar haciendo algo bien. Como Marx dijo, al final lo único que cuenta es el materialismo, es decir la capacidad de producir lo suficiente para que todos puedan tener una mejor vida. Se olvidó el autor del referido comentario que en esa sociedad que critica las universidades son manejadas por la sociedad civil y no por grupos de profesores que sólo se sirven a sí mismos, sin responder ante nadie. Si producir robots es la forma de alcanzar el grado de prosperidad que permite tener mejor educación, salud, vivienda, alimentación, arte y tantas otras cosas materiales y no-materiales, entonces comencemos a producir esos mismos robots. En el Perú siempre tenemos la solución para todo, nadie sabe tanto como nosotros de como hacer las cosas mejor. Digámosle a los miles de niños abandonados que pululan por las calles de Lima, a los miles y miles de habitantes de los barrios marginales, que no es importante que no podamos producir más, que no sientan envidia de los Estados Unidos, que allí de las universidades sólo salen robots. Sin embargo basta ver la larga cola de compatriotas que esperan horas de horas en la embajada de los Estados Unidos en Lima por una visa, para tener la sensación que estamos muy equivocados. Reconocer el fracaso es el primer paso a buscar una solución.

Miguel Tejada Bailly


Carta publicada en EXPRESO (Lima-Perú) el Miércoles 10 de Noviembre de 1999: (en rojo aparece lo omitido en la publicación del envío original del autor)

REPLICA A “PRODUZCAMOS ROBOTS”

Señor Director:

En respuesta a la carta del Sr. Miguel Tejada Bailly “Produzcamos Robots” permítaseme las siguientes acotaciones. El presente éxito del modelo económico liberal de los Estados Unidos tiene que ver poco con lo eficiente que pueda o no ser la forma como están siendo educados para pensar con juicio reflexivo los estadounidenses en todos los niveles (excepto quizas en los más especializados) en ese país. Por el contrario, ese modelo económico de productividad se ha inmiscuido en la concepción misma del proceso de aprendizaje –acomodándose en el marco del conductismo- produciendo estudiantes con escaso juicio reflexivo, que es hacia donde va dirigida mi crítica. Los norteamericanos han detectado recientemente el problema a través de diversas pruebas académicas. Nunca me referí en mi crítica a la administración de la educación, la cual debería –concuerdo- hacerse en el espíritu liberal. Copiar no es malo, pero copiemos lo que funciona bien y no lo que está fracasando. Naturalmente, este fracaso académico no se ve inmediatamente reflejado en la prósperidad económica del país del norte porque ello llevaría algunas décadas más. Nuestro país necesita crecer económicamente con urgencia y reconozco que el modelo económico liberal –hablando a grandes rasgos- parece ofrecernos la forma más efectiva de hacerlo. Así, la copia del modelo liberal en la economía es positiva. Sin embargo, la educación es un proceso mucho más complejo porque trabaja directamente con nuestras mentes y no sólo con procesos materiales. Creo que la presencia de ciudadanos educados en un espíritu con capacidad de autoevaluación constante y reflexión profunda –y no uno en el que el espíritu de cuestionamiento pareciera haberse perdido y la superficialidad haberse instalado- garantizará precisamente que la prosperidad económica se sustente en el largo plazo.

En nuestro país la educación tiene que ser mejorada en muchos aspectos -entre ellos la administración- pero no tomemos el modelo de aprendizaje conductista estadounidense cuyo fracaso académico ellos mismos reconocen.

Manuel Angel Morales Paliza
LE 09405181e-mail: manuel.morales@vanderbilt.edu

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