Wednesday, November 14, 2007

Lucha entre Fundamentalismos

15-Noviembre-2001
Copyright © 2001 - Diario Expreso S.A. [15-11-01 14:05]

LUCHA ENTRE FUNDAMENTALISMOS: Tolerancia como arma

Manuel Angel Morales

Sea el mundo occidental que controlaba el Imperio Romano hace dos milenios; o aquel Nuevo Mundo que se disputaban los imperios de España, en alianza con el Austro Húngaro, y el británico entre los siglos XV y XVII; o el mundo multipolar que se repartían las naciones de Francia, Inglaterra, Alemania, EE UU y Rusia en los siglos XVIII y XIX, cuyas ambiciones y disputas desencadenarían las desastrosas guerras mundiales del siglo XX que liquidaron la vida de 300 millones de seres humanos, o el mundo bipolar que construyeron EE UU y la Unión Soviética entre 1948, como con la crisis de Berlín, y en 1989 con la caída del muro de Berlín o, finalmente, el mundo posmoderno, dícese globalizado, aunque irónicamente unipolar, de los últimos doce años y que gira alrededor del liberalismo, cuyos principios EE UU se ha jactado de ejemplificar en el mundo. Todos estos mundos se han construido, siempre, a imagen y semejanza de las grandes potencias o la única potencia reinante, como consecuencia de sus luchas militares e ideológicas en el control del poder mundial. El modelo del más fuerte es el que se ha querido imponer al resto del mundo como la opción "civilizada". Nunca ha habido, en el manejo de la política internacional, una intención real y honesta por entender con profundidad las diversas realidades que habitan el mundo entero. Las Naciones Unidas han sido, frente al realpolitik de las potencias, un fiasco en su medio siglo de existencia.

Pero existe una diferencia enorme entre el respeto y la tolerancia que surgen de las meras buenas intenciones en relación al respeto y la tolerancia que parten de un real entendimiento de las diversas realidades. Las primeras son endebles y precarias porque descansan en la buena voluntad, esto es, en una entelequía; mientras que las segundas son duraderas y estables porque descansan en la razón, esto es, en un esfuerzo de análisis. La historia nos demuestra hasta la saciedad que los seres humanos no podemos confiar los unos en los otros basados solamente en "buenas intenciones". Si un desconocido entra en mi casa diciéndome que tiene "buenas intenciones" sin decirme la razón real de por qué puede estar allí, tiendo a ponerme a la defensiva. Pero si en cambio soy alertado que una persona me visitará por alguna razón civilizada, tiendo a prepararme para recibirlo de la mejor manera. Asimismo, no es suficiente educarnos en el respeto y la tolerancia por lo distinto sin razones mayores que las buenas intenciones. Es necesario estudiar y entender la naturaleza de lo distinto. Sólo así estaremos auténticamente preparados para el respeto y la tolerancia del extraño a nuestras costumbres, credos, color o lengua. Pero cuidado; no lo veamos sólo de un único lado. Esta preparación debe ser mutua. El "otro" también debe entender nuestras diferencias si pretendemos una convivencia común en este mundo globalizado.

El lamentable atentado del 11 de septiembre y la posterior arrogante reacción de las potencias occidentales demuestran cuán lejos estamos de entendernos para luego tolerarnos por encima de las diferencias, a fin de resolver nuestros mutuos problemas. Cada nación involucrada o potencialmente afectada ha tratado mezquinamente de acomodarse en el modo tradicional para protegerse de la forma más fácil, sin procurar siquiera entender la naturaleza de las fuerzas a las que se enfrenta. Ni los estadounidenses ni los talibanes han hecho un esfuerzo mutuo por descifrarse. Aquí, como siempre ha sucedido, ha primado el interés unilateral, la mezquina "razón de Estado". La guerra u operativo que EE UU lleva a cabo se evitaría con una mutua actitud de tolerancia basada en la comprensión de la realidad del otro. Por supuesto, son los más poderosos los que deben empezar por dar el ejemplo.

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