Wednesday, November 14, 2007

Globalizacion y Pobreza

01-Junio-2000

GLOBALIZACION Y POBREZA


El escritor Méxicano Carlos Fuentes acaba de publicar un artículo deliciosamente irónico en El País de Madrid (junio18) titulado Mexicano vota por ti. Para las elecciones mexicanas del 2 de julio próximo, Fuentes atisba resultados tan diversos en cuanto a partidos triunfantes para las gobernaciones locales, el Parlamento y las presidenciales que ensaya como enseñanza final de este proceso electoral la siguiente: una “escuela de democracia para un país de tradición autoritaria”. Pero a expensas de esta celebrable ironía, Fuentes acaba tornando su estilo en uno de súbita circunspección y adultez. Nos espeta una verdad inconsolable por indefinible, un grito arrojado a los hados: México puede ser el gran ganador, la potencia económica mundial que algunos pensadores serios presentan como plausibles de serio; pero también podría ser el gran perdedor, “la Calcuta a gran escala del siglo XXI”. Curiosamente, ambos destinos descansan en un mismo factor: el enorme capital humano de México, un país de cerca 100 millones de habitantes (de los cuales más de 50 millones son muy pobres), de lejos el mayor Estado- Nación hispanohablante.

Recordamos que esta es una situación similar a la del Imperio Ruso de hace dos siglos en el que el potencial descansaba en su gran cantidad de habitantes y sus coqueteos con el mundo moderno accidental de entonces, pero manteniendo en un estado casi feudal a la enorme parte de su población, esencialmente agrícola y alejada de las iniciales tendencias de la era industrial, algo que mantuvo hasta muy entrada la revolución bolchevique. Todos sabemos lo que pasó luego con Rusia. La imposición vertical de un régimen totalitario inspirada en una ideología que se pavoneaba de aires cientificistas, no supo resolver las seculares diferencias entre pobres y ricos de su imperio.

Ergo, aprendamos de la historia y no cometamos los errores rusos, o sea, eliminemos la brecha entre ricos y pobres sin imposiciones totalitarias. Simple y espléndida lógica cartesiana con la que Carlos Fuentes debe estar muy de acuerdo. Pero después ya no entendemos qué le sucede cuando nos dice en el mismo artículo que un efecto negativo de la globalización es el “creciente abismo entre ricos y pobres”. En un reciente artículo traducido por Expreso (12 de junio) de The Economist que reseña un estudio encomendado por el Banco Mundial se demuestra justamente lo contrario. Se concluye en ese estudio que el crecimiento verdaderamente ayuda a los pobres y eleva sus ingresos tanto como los del resto, tanto en los países pobres como en los ricos.

Amar a un país quizás signifique desearle lo mejor y no necesariamente que el país se ajuste a como uno quisiera que fuere. Si las evidencias, técnicas son tan sobrecogedoras a favor de un crecimiento económico en el marco de la economía de mercado y la globalización, no deberían haber mayores vueltas de tuerca, porque jugar con la indefinición en esta materia es jugar con el destino de muchas personas, o peor aun con el destino del país. Es cierto que traicionar las convicciones personales en medio de un mundo ya sin mayor encandilamiento intelectual en muchos rubros es tan doloroso es como perder parte de la identidad. Pero comprender que esta frecuentemente insoportable “superficialidad”posmoderna puede ser sólo un paso pasajero, uno en el que los humanos buscamos cierta identidad individual en medio de una sociedad plagada de un materialismo es un ejercicio cotidiano necesario. Por el momento el mejor refugio son los clásicos para el alma y la apuesta por las tecnocracias para la sobre vivencia en razón de las cuales, más temprano que tarde llegara el día en el que el viento cambie de dirección y nos envuelva en nuevos sueños y alegorías como consecuencia de las cuales los seres humanos recordaran a las ideas presentes de libertad, prosperidad y democracia como ahora hacemos con la curiosas gestas caballerescas medievales, con sus adivinos, dragones, magos, historias de amor y seres fantásticos. Nadie creerá que fueron reales algún día.

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